Una semana llevamos ya en Málaga. El viaje fue bastante atípico para ser verano: ni mucho tráfico ni mucho calor. De hecho, nos cayó una tromba de agua saliendo de Madrid y a la altura de Toledo. Lo cierto es que no parece verano ni siquiera aquí. Creo que la temperatura no ha llegado a 30ºC desde que hemos venido, lo cual es de agradecer.
Condiciones muy buenas para estudiar, al menos en principio. Lo que no es tan agradable es oír martillazos durante todo el día por encima de la cabeza. Resulta que han vendido el piso de arriba y los nuevos dueños han decidido echarlo todo abajo, vamos, reforma completa. Si lo sé, vengo en otra fecha, pero es lo que hay. Por si fuera poco, van a vivir una familia con 5 niños. Compadezco a mis padres, hace unos años vinieron abajo con 2 niños y otro en camino y antes había días que no se podía ni ver la tele de los gritos de los niños.
Es curioso bajar a la piscina y ver que no conoces a nadie, las cosas cambian en un año que es una barbaridad.
Cambiando de tema, en este viaje me traje a Bart, porque son más de 2 semanas y porque le toca vacuna contra la rabia, de manera que ha tenido el placer de conocer a Mozart, el siamés que regalé a mi madre por el día de la madre. Al principio todo eran bufidos y rabo y lomo erizados, Bart como siempre a distancia pero curioso y con ganas de conocerlo. Pero finalmente se llevan bien, e incluso corretean juntos de una punta a otra de la casa.
Tengo algunas fotos de los dos juntitos en este album. Algunas no se ven demasiado bien, ya que están sacadas con un móvil (un V3i).
