Llevo desde el jueves pasado sin probar el café, ni una gota. El viernes me preparé uno por la mañana al levantarme, pero no pude ni acercármelo a la boca por las náuseas. Me pasé el viernes sujetando paredes, igual que el resto de la semana, ya que los litros de café que corrían por mis venas ya no hacían efecto.
Total, que el viernes en el curro estuve zombi perdido, y cuando llegué a casa fue comer, Nadia se fue a trabajar y yo me tumbé en el sofá viendo Friends. Me pegué una siesta de órdago, falta que me hacía, hasta las 7 de la tarde.
Viendo lo visto, y teniendo en cuenta lo bien que dormí la noche del viernes al sábado, tomé la decisión de dejar el café, una vez más. Ya no sé cuántas veces he intentado dejarlo desde que estoy en Madrid, pero esta tiene visos de ser la más exitosa. Ya dejé el café hace cosa de 2 años, estuve si mal no recuerdo 8 meses sin probar el café. Hasta que llegué a Madrid y llegó el sueño que me cerraba los párpados durante el día.
A todas luces, una sabia decisión. No sólo estoy durmiendo mejor, sino que estoy más despejado durante el día. Todavía deben quedar restos de cafeína por mis venas, pero estoy haciendo una cura a base de litros y litros de agua. Bueno, no es que haya dejado la cafeína 100%, porque por las mañanas me deleito con un Pu Ehr, té rojo. Además parece que mi estómago empieza a estabilizarse. Por cierto, que del Pu Ehr, aparte de lo que se dice en la web del enlace, se comenta que era la bebida de los emperadores en China.
Por cierto, casi me echo atrás cuando ví en menéame una noticia que dice que el café protege al hígado.

