El colmo de los colmos, la infinita avaricia de algunos hace que la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) esté preparando un nuevo derecho de la propiedad intelectual, que haga que las obras que se crean no sólo pertenezcan a quien las crea, sino también a los que las distribuyen. Por ejemplo, el proveedor de servicios, en el caso de una publicación en la red.
Extraído del enlace, cito unos cuantos símiles de esta situación:
Imagínese que el fabricante de una manguera tuviese derechos de propiedad sobre el agua que por ella circula. O que la concesionaria de una autopista de peaje pudiese quedarse con un porcentaje de la mercancía transportada en ella por camiones. O que su empresa de telefonía móvil adquiriese título de propiedad de las conversaciones efectuadas a través de su servicio.
Parece que en el mundo de la propiedad intelectual y de la cultura se viva al margen de la realidad. ¿La propiedad de una obra ahora no es exclusiva de los autores? Venga ya.
Esto, por extraño y rocambolesco que parezca, llegaría hasta inutilizar las licencias Creative Commons, es más, evita que los autores hagan lo que les plazca con sus obras.
